lunes, octubre 26

Sonate au clair de lune

Ocho en punto de la noche. En el escritorio descansan los apuntes, el mate frío y mis ganas de estudiar. Se me ocurre que, quizás, un rato en el piano me despierte la motivación.
Las manos ya se acomodan sin pensarlo, y ese primer acorde de Do Sostenido menor me hace sentir un poquito menos preocupada por el examen de mañana.
Ya completamente sumergida en la partitura, navegando entre los compases 26 y 27 una y otra vez (porque ese es mi principio: perfección o muerte), me olvido completamente de la realidad que me rodea. Pero no dura mucho: después del quinto resoplo, las manos se distensionan para ir a parar sobre mis muslos, y me acuerdo de Nacho - mi profesor de piano - diciéndome que no tengo que ser tan dura conmigo misma. Acto seguido, dirijo la mirada hacia la rendija de la ventana, y con sorpresa descubro una luna llena, radiante, posando elegantemente junto a un par de nubes ennegrecidas, que se iluminan al pasar frente a ella. No puedo evitar esbozar una sonrisa, y con esa misma cara de boba retomo el compás 26, imaginándome que el compositor, en un tiempo pasado y paralelo, está garabateando los tresillos de esta obra maestra mientras admira, simultáneamente, la misma Luna que yo.

1 comentario:

  1. ME ENCANTA.
    Llegó en el momento justo, estoy determinada a estudiar piano (cuando la facu me permita). Me haría demasiado feliz, y leer esto me hizo experimentar un poquito de esa felicidad.
    Abrazo!

    ResponderEliminar