viernes, febrero 6

Anxiety

Pasar de escribir cada muerte de obispo a publicar dos entradas en un día (técnicamente ya es viernes, pero vamos a evadir la odiosa aclaración) sólo puede significar una cosa: tengo que sacarme algo de encima.
Aunque mi blog esté menos poblado que el desierto del Sahara, cuando uno se une a una comunidad donde es libre de decir lo que quiera, cuando quiera, sin ningún tipo de límites ni censura, existe siempre esa ilusión de que algún extraño termine leyendo y se sienta identificado - ese ya es el premio mayor.
Y supongo que eso es lo que quiero: que alguien se sienta identificado. De ser así, eso significa que no estoy sola en esta situación que tan rara me parece.

La gran mayoría de las personas padece ansiedad alguna vez en su vida. La ansiedad puede ser algo bueno, como cuando sabés que algo super emocionante se acerca, pero también puede ser algo malo. Hay gente que se la agarra con la comida, que se come las uñas, o que tiene que tener todo preparado para un acontecimiento cincuenta horas antes. Yo misma sufro todos varios de estos síntomas. Pero mientras no se desaten episodios como ataques de pánico o trastornos obsesivos compulsivos, la ansiedad es inofensiva, aunque bastaaaante molesta. En mi caso, tengo la suerte de nunca haber experimentado ninguno de esos horribles episodios, pero sí me pasa algo que me jode la vida como ni les cuento.

Entré en la adolescencia y naturalmente comencé a ser invitada a eventos sociales, donde no sólo asisten mis amigos sino completos desconocidos (léase cronológicamente: cumpleaños bailables, fiestas del colegio, previas, salidas) Y siempre, pero siempre, desde la primera fiesta que recuerdo, las horas anteriores fueron una tortura para mi. Y mientras menos gente conozco en el evento, más tiempo se extiende la tortura. A veces, hasta el punto de pasarla mal toda la noche.

Primero en mi casa: el delirio de tener que elegir qué ponerme, mientras esa vocecita en mi cabeza me señala todas las imperfecciones que la prenda me marca; el maquillarme en vano porque nada tapa mi cara de velorio, etcétera etcétera. Después en el auto, ya no dando más de los nervios, especulando qué va a pensar la gente de mi cuando arrastre mi cuerpo por la entrada. Y una vez allí, el sentir que cada uno de mis movimientos es juzgado por alguien (no porque me sienta importante, sino porque me siento la más rara)

Si estoy rodeada de gente con la que sé que puedo ser yo misma, nueve de cada diez veces la ansiedad se me pasa ni bien los veo (por eso, procuro salir con gente así siempre que puedo) Si estoy borracha, no sé ni qué es la ansiedad. Sin embargo, cuando son esas salidas por compromiso, inzafables, en las que sólo conocés al que te invitó, es como si muriera por dentro.

Por supuesto, hago mi mayor esfuerzo para que parezca que estoy teniendo the time of my life. Ojo, no es que me cueste socializar con gente nueva; no soy tímida, ese nunca fue mi problema. Es más, cuando encuentro a alguien con quien charlar, tiendo a pegármele un rato largo para olvidarme que estoy en una fiesta. Pero después, cuando ando sin rumbo, mi ansiedad se vuelve tan fuerte que cada dos por tres tengo que ir al baño a calmarme un cacho.

La mayoría de las veces, mi forma de socializar consiste en juntarme con mis mejores amigos a comer algo y ver películas, invitar amigas a dormir, ir a la plaza a tomar mate, juntarme a estudiar durante el año, etc. Porque para pasarla realmente bien en una salida, tengo que haber tomado, fumado, o ambas. Y si bien es divertido hacerlo cada tanto, conozco los límites.

A qué viene todo esto, se preguntarán. Bueno, resulta que mañana a la noche tengo una fiesta, y ya me estoy maquinando aunque falten aproximadamente veinticinco horas. Y es que esta no es cualquier fiesta, porque es en la casa de este chico y va a estar mi hermano. Dos cosas que me tienen refregándome las manos a ver si me tiemblan un poco menos. Para colmo, no tengo nada que ponerme porque sigo esperando a estar en Estados Unidos para comprarme cualquier cosa. Pero creo que esta es emergencia suficiente como para salir mañana al centro a ver si encuentro algo.

Y bueno, eso es todo. Si alguien que sufre lo mismo llega a leerlo, le repito lo que alguna vez dijo Frida Kahlo: Estoy aquí. Soy tan extraña como tú. 

2 comentarios:

  1. Vivo en Miami
    Te entiendo podes ser mi hija.
    No soy sociable
    Odio las fiestas. prefiero la compañia de alguien a solas con mucica y charla intensa.
    No te obligues nada
    se sociable si te hace bien
    Sino dedicate a lo que te gusta
    Es la mejor manera de vivir bien la vida
    Me ha encantado leerte
    un abrazo

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  2. Seguiré leyéndote
    Es un placer haberte encontrado me recordás a mí en mis años jóvenes
    cuando vivia con mi adorado marido en BELGRANO C Y BELGRANO R

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