martes, diciembre 9

Ghosts

Me da vergüenza mi pasado. Y cuando digo que me da vergüenza me refiero a que ni siquiera puedo ver fotos de aquél entonces porque se me anuda la garganta. Me doy como lástima. Seguramente esté dramatizando (as usual), porque mientras lo vivía no me parecía taaaan terrible (sacando los verdaderos momentos de mierda); quizás hoy, a punto de cumplir 19 años, lo veo como una etapa que quisiera eliminar (o rescatar lo lindo y borrar lo otro) porque mi vida actual parece un cuento de hadas si la comparamos con aquél entonces. Bueno, no un cuento de hadas, sino normal. Ahora soy normal gente. ¿Pueden creerlo? Por primera vez desde mi infancia, estoy disfrutando de la edad que tengo. Obvio que en ese período que tanto odio tuve mis momentos de felicidad; sino estaría muerta. Bah, la mayoría de las veces quería estar enterrada abajo de un pozo, pero ese es otro asunto.
Volviendo al tema, por razones imprecisas, cada vez que encuentro fotos o leo conversaciones viejas por mera curiosidad, me termino arrepintiendo de cada palabra que dije, cada decisión que tomé, cómo me mostraba ante el mundo, cómo quería que la gente se sientiera respecto a mi. Todo. Me da asco, en serio.
Me resulta difícil de creer cómo era tan...tan...tan como era. ¿Nunca leyeron viejos chats, años después, se encontraron con algo que habían dicho y pensaron "nooo, qué hija de puta!" "no podéeees" y todos sus derivados? Bueno, cuando pienso en ese pedazo de mi línea de tiempo que abarca desde los 13 hasta los 16 años, me siento así. No es vergüenza tipo "ay, mirá qué ridícula que era", porque todos hacíamos pelotudeces, decíamos pelotudeces y, en fin, éramos unos pelotudos. Se trata de unas tremendas ganas de volver el tiempo atrás y recagarme a trompadas. Sumado a que pesaba catorce kilos más (real) y lo único que sabía hacer por mi misma era llorar adentro de un probador.
No me malinterpreten. No vivo de mi pasado ni mucho menos; es más, intento hacer todo lo posible para mirar hacia adelante, como digo y escribo siempre. Pero cuento esto porque en este último período de mi vida, en el que todo empezó a florecer, no dejo de pensar en mi pasado. Y no me está sirviendo ni de ejemplo ni de motor para seguir trabajando, como yo pensé que iba a ocurrir. Está ahí para romperme las pelotas, nada más. Tampoco sé por qué lo dejo entrar.
No sé cómo explicarlo. Siento como ganas de ir a un psicólogo para hablarle de cómo era antes.
La única conclusión que saco de esto es la siguiente: hay algo ahí que quedó abierto. Algo que no terminé de cerrar, sino que simplemente intenté evadirlo y seguir. Dejé el rompecabezas no resuelto tirado en el piso y me tomé el palo. Pero resulta que algo de esa nena, todavía vive en mi (y sí boluda, si sos vos). Y yo sé qué es. Toc toc, ¿quién es?, es la puta inseguridad que me sigue carcomiendo la vida.
Genial. Lo tengo. Es más, lo descubrí escribiendo esta entrada. ¿Ahora qué hago?

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