viernes, marzo 21

Don't press pause

Siempre que uno se siente mal las palabras brotan con más facilidad. Pero el hecho de que decida recurrir a la escritura cuando estoy triste, no significa que no haya una parte feliz en mi. Digo, como persona tengo varias facetas, pero como me cuesta mucho abrirme a la gente, prefiero usar este espacio para explayarme cuando lo necesito.
No es que esté tratando de negar el hecho de que hay cosas que no me gustan del todo en mi vida, pero al releerme y ponerme en el lugar de quien sea que entre a este blog, siento que mayoritariamente estoy transmitiendo cosas negativas.
Habiendo hecho esa aclaración, me siento libre de continuar, sin miedo a que me tomen por sólo una parte de lo que soy.
Siento unas terribles ganas de cambiar. Bueno, no sólo de cambiar, sino de mejorar, progresar; de dejar atrás ciertas cosas. De tomar todo lo malo de lo que hablo en las previas entradas y usarlo como una especie de motor que me encamine a un mejor estilo de vida.
¿Vieron ese dicho que dice "un simple corte de pelo puede modificar toda tu actitud"? Bueno, ahora no me refiero literalmente a que fui a la peluquería (debería, pero ese es otro tema), sino que ayer terminé de remodelar mi habitación, y de alguna forma eso me proporcionó un cierto alivio. Sobre todo cuando me vi a mi misma separando en cajas las cosas que me quería quedar y las que quería tirar. Me hizo bien, no sé.
Afortunadamente puedo decir que, a pesar de todo, nunca abandoné todas las expectativas y ambiciones que estoy dispuesta a cumplir. Porque ellas son y siempre fueron mi verdadero motor, y eso es algo que nunca nadie me va a sacar.

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