viernes, enero 10

Move on

Mañana me voy a Córdoba. Estoy re entusiasmada con el hecho de cambiar de aire; alejarme de los autos, los micros, los semáforos, y sumergirme por fin en las sierras, los arroyos y las calles de tierra. Encima, teniendo ahora la cámara de fotos, me llama mucho más la idea de salir a capturar momentos. Ya hice la valija, el bolso de mano, todo. Ya estamos.
Lamentablemente mi estado de ánimo no es el mejor, o por lo menos, no es el que esperaba tener para acompañar este viaje. Es difícil explicarlo, pero aunque me invada una tremenda ansiedad por subirme al auto y salir, últimamente (o sea, hace un par de días) no me estuve sintiendo muy bien en ningún lado, digamos, independientemente del lugar en dónde esté. Es más bien una angustia interna, de esas que se trasladan con el viajante.
No sé si decir que estoy en una recaída es la frase correcta. ¿Podría estar peor? Sí (y lo he estado), pero definitivamente están volviendo varias cosas que creía "superadas". Esas sensaciones de vacío, de soledad, tan familiares. Esas ganas de no estar por un rato, de querer escapar de mis propios pensamientos. Pienso mucho, lo sé, eso es lo que me mata.
Todo tiene fuerte relación con el tema de la amistad; la forma en la que cambié yo y la forma en la que cambiaron los demás. Sí, ya sé que la gente cambia, conoce gente nueva, se va, se ausenta, pero mi problema es que yo nunca puedo superar esas situaciones, mientras los demás parecen tomarlo como otra etapa de la vida (cosa que está bien). Me cuesta mucho adherirme a una nueva realidad, aunque ya se vuelva indiscutible. Siempre tiendo a desear lo de antes y a no aceptar lo de ahora. Y así, termino en una especie de limbo entre el pasado y el presente, sin disfrutar nada de lo que tengo, cegada por una nostalgia insoportable.
No sé moverme, no sé tomarme las cosas a la ligera. No me sale, y menos cuando se trata de los amigos que, además de la familia, son lo más lindo que tengo.
Pero bueno. Aunque mi plan original para esta entrada era despedirme y aclarar que no voy a poder escribir por los próximos días, fue aliviante aprovechar para hacer el último descargo de emociones hasta la vuelta. No está bueno salir de viaje con un bollo en la cabeza; ahora me siento mucho mejor.
¡Adiós bloggeros!

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