sábado, noviembre 9

I wanna fly and never come down

Pienso que una de las cosas más difíciles de crecer es la interminable búsqueda del equilibrio entre todos los aspectos de mi personalidad, contradictorios por donde los mires. Extrovertida, pero hasta ahí. Siento que soy divertida pero que siempre hablo de lo mismo. Soy alguien que no tiene que lidiar con muchos conflictos familiares y sin embargo está en una eterna lucha consigo misma. Un día soy blanco y otro día soy negro, nunca soy gris. Me amo por lo que pienso, me odio por lo que soy. Actúo como la mejor cuando me siento como la peor. Me hago la que me llevo el mundo por delante, cuando este me pasa por arriba. Siento que soy inteligente para lo inútil. Tengo muchos talentos que no sé explotar. Digo que no me importa hacer lo que todos hacen pero me muero cuando quedo afuera de algo. Vivo aconsejándole a mis amigas que nunca cambien para alcanzar el ideal de belleza impuesto en la sociedad, pero sé muy bien que moriría por verme como una modelo de revista. Tengo mis ideales tan claros, y aún así todavía me pregunto quién carajo soy. Sé que no quiero ser la típica adolescente superficial pero a veces pienso que debería ser así para que no se aburran de mi.
Mis expectativas siempre son más grandes que la realidad; me imagino el mejor futuro del mundo, y al mismo tiempo siento que estoy estancada. Porque la eterna tensión entre la decisión y la confusión es algo que permanentemente me arma y me destruye.

Escuchando: We Never Change - Coldplay

2 comentarios:

  1. Los extremos no son buenos, para nada, y muchas veces crean esa sensación de pasividad destructiva.
    Considero que a veces es una cuestión de grises. No toda la gente lo asume, pero cuando dicen que los grises no son buenos no están hablando en general. Si todo se polariza estamos muertos.

    ¡Beso grande, muchacha!

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