jueves, octubre 31

Society killed the teenager

Sería injusto para mi abstenerme a escribir lo que me está pasando por el simple hecho de que me da vergüenza, así que llegó la hora de ser directa.
Me siento terrible. Falta un mes y medio para mi entrega de diplomas, y ya llegué a ese punto en el que me pongo a pensar en que si no estoy más flaca para la misma, me voy a suicidar. Sí, vuelvo a tener todos estos pensamientos en la cabeza con respecto a el peso y la comida, pero potenciados por mil.
Hacía mucho que no me pasaba con esta intensidad. DIgamos, un año. Y anoche volví a encontrarme en esa situación de mirar fotos de chicas flacas para torturarme hasta llorar, lastimarme, etc etc etc. Este tema, en realidad, siempre existió, aunque no estoy segura de haberlo relatado acá. En aquellas entradas en las que dije que hay cosas que tendría que empezar a aceptar como parte de mi, este problema está incluído.
Y como nunca tuve la valentía, la fuerza de voluntad, o la cabeza tan trastornada como para modificar mi cuerpo, esa incapacidad fue siempre algo que me atacó desde adentro. Porque pasé y paso por "cosas" relacionadas con el tema, pero ninguna dura mucho. Y eso mismo, en lugar de hacerme sentir feliz por no estar enferma, me hace sentir un fracaso. Ahí es donde está el problema.
Al final soy uno más de los que se ponen mal al no lograr las expectativas de la sociedad, y eso me molesta. Pero aquella molestia no es tan fuerte como la de no poder ser lo que los demás quieren, y lo que yo quiero.
Y todo el mundo me seguirá preguntando por qué no me pongo a hacer dieta y listo. Como si fuera tan fácil, o como si yo no supiera que es la opción más saludable y efectiva. Lo sé perfectamente, porque desde los ocho hasta los catorce años pasé más tiempo con nutricionistas que con mis viejos, y eso es algo que tampoco saben muchas personas, porque formaba parte de mis secretos mejor guardados. Digo, ¿qué nena de ocho años iría a los cumpleaños de sus amiguitas y les diría que no puede comer papitas porque se está cuidando? Me hubiera muerto de vergüenza. Y ahora lo estoy haciendo público, qué loca es la vida.
Mentiría si dijera que mis papás no metieron nada de presión con respecto al tema. Me llevaban a la clínica, y yo lloraba. Me retaban, y yo lloraba. Me decían que si no me cuidaba me iban a tener que operar, y yo lloraba. Al final me operaron, y fue lo mejor que me pasó. Había nacido con una malformación en los huesos que me separaba las piernas de la rodilla para abajo. Empecé con una separación que, según el médico, era casi innotable, pero que si no bajaba de peso esa separación iba a seguir aumentando a medida que yo creciera, y me iban a tener que operar. Ahí fue cuando, con ocho años de edad, empezó la interminable lucha contra mi peso. Al final, como lo único que logré fue mantenerme (al igual que hasta ahora), a los doce años me tuvieron que operar porque la separación había crecido el doble. Me pusieron dos placas de titanio, una en cada rodilla, que me corrigieron la desviación para siempre. A los catorce me sometí a cirugía una vez más para sacármelas, y ahora estoy perfecta. Pero las secuelas de tantos años de médicos y balanzas, me quedaron en la cabeza.
Todo empeoró a medida que avancé en la adolescencia y mis ganas de bajar de peso empezaron a ser más por una cuestión de estética que por mi salud. Eso fue lo que, en parte, me llevó a pedirle a mis viejos que quería ir a un psicólogo.
Y así es como llegamos acá. Hoy. Sigo con la misma preocupación y no me la puedo sacar de encima.
Quiero ser flaca, creo que ahora no tengo un deseo tan grande como ese, lo admito. Y me siento tan estúpida por eso.

4 comentarios:

  1. La sociedad impone el "deber ser", el modelo a seguir. Despues esta el valor que uno le da a la sociedad y su "mini sociedad" que es la más importante. Las presiones del entorno de uno.

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  2. Uf... a veces sientes que la gente espera que cambies, que dejes de ser tú, que seas como ellos quieren...
    Besos

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  3. No te sientas estúpida. Nunca. En verdad, es algo que la sociedad nos mete adentro de la cabeza y absolutamente todos terminamos cayendo.
    Sólo sentite bien con vos misma. Cuesta un poco en este mundo, pero se puede. Y una vez que podés, todo, absolutamente todo cambia de color.
    Un abrazo enorme, Juli! Disfrutá muchísimo los últimos días de secundario, pensá que dentro de poquito vas a ver a tu ídola, y pensá que sos hermosa. Eso se nota con solo leerte, creeme.

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  4. Son todos unos robots estructurados con chips de lo cotidiano. Una cara bonita sólo dura unos años, el espíritu prevalece por siempre y eso es lo que cuenta. Hay que romper los esquemas monocromáticos con nuestro color interno.
    No sos estúpida, sos preciosa y te gustan los Beatles ¿Qué más se puede pedir? Arriba el ánimo, sonreíle a las masas monotemáticas, que con tan sólo leerte puedo afirmar que vales, que sos bella por dentro y por fuera.

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