jueves, septiembre 26

It could stay this simple

Extraño ser chiquita. Extraño, a escondidas de mamá, poner mucho Nesquik y azúcar en una taza, llenarla de leche, tomármela y comer la pasta que quedaba abajo con una cuchara. Extraño estar jugando con mis hermanos y de la nada gritar "¡carrera hasta el árbol/la pared/papá!" y al primero que llegara, anunciarle "no, era ida y vuelta". Extraño los viajes eternos hasta la casa de mis abuelos, jugando al veo-veo y al que se ríe primero pierde. Extraño ese pueblo; salir a hacer los mandados con la abuela, hacer ñoquis en familia, recolectar florcitas. Extraño a ese abuelo. Extraño andar por la calle con papá y ver, casi con admiración, su extraña costumbre de arrancar los coquitos de los árboles. Extraño que mi abuelo me vaya a buscar a la escuela con su taxi y pedirle que ponga el contador de dinero para ver cuánto gastaríamos hasta llegar a casa. Extraño a este abuelo. Extraño mirar tele con mi niñera, Sandra. Extraño abalanzarme sobre las golosinas en las piñatas de los cumpleaños. Extraño meterme veinte caramelos en la boca y masticarlos hasta formar una pasta enorme que terminaba tirando porque me dolían las mandíbulas de tanto masticar. Extraño hacer muñequitos de chizitos y palitos. Extraño no necesitar ningún juguete para jugar con mi mejor amiga; sólo nuestra imaginación. Extraño ir en el auto con papá y que prenda el aire acondicionado para, con el sonido, yo creyera que el auto iba a salir volando. Extraño tener diarios íntimos en donde escribía mi apasionado amor por Alejo, Pedro y otros que nunca me dieron bola. Extraño untar las tostadas con manteca y espolvorearles azúcar arriba. Extraño jugar a los tazos con mis hermanos. Extraño que todos los sábados, mis abuelos nos pasaran a buscar para quedarnos a dormir en su casa. Extraño llevar colchones a la pieza de ellos para dormir todos juntos; mi hermano menor en la cama grande con mi abuelo, yo en un colchón al lado con mi abuela, y mi hermano mayor en otro colchón perpendicular a la cama. Extraño sentir esa protección en un abrazo de mamá. Extraño que papá me haga upa o me subiera a caballito. Extraño afirmar con toda seguridad que había visto a los reyes magos.
Extraño esa felicidad de las pequeñas cosas. Extraño que mi única preocupación fuese no tener suficientes lápices de colores. Extraño esa etapa, porque puedo afirmar que tuve la mejor infancia del mundo.
A veces me pregunto si, cuando sea grande, voy a extrañar tanto el día de hoy como hoy extraño esos días.

Escuchando: Never Grown Up - Taylor Swift 

4 comentarios:

  1. Soriano dice : " la memoria lo agiganta todo (...) qué se yo, uno es del lugar donde lo quieren".
    Podés hacer de ese lugar y de todo ese mundo donde eras tan feliz, lo mejor en este presente, para que siga siendo el lugar donde te quieren. :)

    ¡Abrazo grandoteeeeeee!

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  2. Por muy mal que lo pasemos en la adolescencia, aunque parezca extraño, también lo echaremos de menos.

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  3. Hermoso escrito! Me encantó, sentí que charlaba con una amiga sobre las cosas que recordábamos de la infancia. Es inevitable en algún momento querer ser Peter Pan... pero qué alegría poder recordar una infancia tan hermosa. Qué alegría haber tenido esa infancia, y qué alegría poder recordarla.

    Un abrazo enorme, me encantó tu blog! Te espero en mi mundo.

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  4. Re lindo lo que escribiste, a veces extraño muchas cosas parecidas, la del nesquik claasica ajajj, te mando un saludo! abrazo

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