martes, agosto 13

What if it's better tomorrow


Me pone de mal humor no encontrar motivación suficiente para escribir. Acá estoy, volviendo a hacer el esfuerzo.
La verdad es que no quiero escribir otra entrada descriptiva sobre lo que hago durante el día, que no es muy interesante que digamos, pero cuando pienso sobre qué reflexionar, me bloqueo. Hay tantas cosas, y tengo tan poco que decir de ellas. Ya sería un copiar y pegar querer hablar sobre ciertos temas que ustedes ya leyeron y que yo ya sé; sé que no me queda otra y sé que es así.
Así que me enfrento a un nuevo interrogante: ¿tan predecible es mi vida? Si alguien me lo preguntara, diría que ninguna vida es predecible en realidad, porque uno nunca sabe cuándo puede haber un giro de 180 grados. Sin embargo, últimamente estoy siempre feliz por lo mismo y triste por lo mismo.
No sé, quiero hacer un cambio, quiero conocer a alguien interesante, hacer un amigo nuevo, mudarme de país, cambiar de nombre...bueno, tanto no, pero quiero algo que le de un poco de emoción a la cosa.
Lo bueno es que no falta mucho para eso. Quiero decir, no me mudo de país pero en seis meses empiezo la facultad y con ella, una nueva vida. Diferentes responsabilidades, diferentes profesores, diferentes tiempos, ojalá que nuevos amigos. ¿Si me da miedo? Sí, eso ya lo sabían. No creo que haya gente que vaya por la vida metiéndose en caminos desconocidos sin sentir ni un poquito de nervios. Si hay alguien que diga que le ocurre lo contrario, lo voy a acusar de mentiroso.
Y ya estoy cayendo en el reiterativo tema de la facultad. Me estoy quedando sin ideas, definitivamente. Prefiero pasar a contarles un par de cosas de estos días, ya que estamos.
El sábado, se nos ocurrió ir con mi prima a tomar algo a algún bar. Resulta que no nos percatamos de que, como era el día pre-elecciones, iba a cerrar todo temprano. Cuestión que terminamos tomando licuado y comiendo magdalenas en una boulangerie del centro. A la noche se quedó a dormir.
El domingo, el asado familiar fue reemplazado por lasagna familiar. Más tarde, jugamos juegos de mesa entre hermanos, primos y la abuela (siempre presente). Por último, Megan y yo cenamos mientras disfrutábamos de nuestro nuevo smart tv; vimos una película española llamada Camino... más densa que mi mamá.
Como pueden ver, ¡vi Psicosis! La tenía pendiente de hace rato. La amé, me dejó pensando el resto del día. Encima, como se trata de una película vieja, uno siempre se pone en el rol de cineasta y empieza a analizarle los planos y demás, como si tuviera mucha idea sobre el tema. Gracias a mis posiblemente erróneas conclusiones, entendí por qué la película es un clásico. Increíble.
Después de eso, fui al oculista. Me hizo fondo de ojos y recién ahora veo bien. Qué horrible sensación.
Lamentablemente, hoy no tuve clases por el fallecimiento de un profesor de lengua, re querido por los alumnos. Yo no lo tuve, pero mi colegio tiene eso de que, cuando pasa algo así, les pega a las 2000 personas que convivimos en ese lugar. Una pena, la verdad.
Con este recorrido, llegamos a mi. Es interesante pensar que me senté a hacer esta entrada con la idea de escribir algo diferente y terminó siendo exactamente igual que las demás. Definitivamente necesito un cambio. Basta de monotonía, a partir de ahora voy a intentar dejar de planear tanto y empezar a improvisar. Me quedo con eso.

Una canción: Radioactive - Marina & The Diamonds

1 comentario:

  1. Sólo digo una cosita: a disfrutar de todo, sí, pero con tranquilidad.
    Los cambios, llegan, como todo lo que nos incumbe y merecemos, así que a esperarlos, a seguir siendo feliz, con lo que tenemos.

    No quiero decir la monotonía total. Sí me refiero a una calma placentera, a no cuestionarte tus ritmos y tus reiteraciones.
    Como todos tenemos miedo de cara a un cambio, todos por algún medio tenemos que ir canalizándolo.

    ¡Besoooooooooooos!

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