lunes, mayo 27

Just because it burns doesn't mean you're gonna die

Creo que dejé en claro miles de veces que siempre quise ser una de esas personas que simplemente viven su vida a pesar de lo que dicen los demás. Que no pierden el tiempo pensando en qué podría haber pasado si las cosas se hubieran dado de otra manera. Que saben que un tropezón no es caída. Que siempre ven el lado positivo de las cosas. Y sobre todas las cosas, siempre quise ser una de esas personas que nacieron para aceptarse tal como son.
Toda mi vida me hice la cabeza con la idea de que, si yo no poseía estas cualidades, sufriría y sentiría nada vale la pena. Hoy, por primera vez desde que tengo uso de razón, me doy cuenta que estuve tan equivocada.
Porque le presto mucha atención a lo que piensan los demás, y gracias a eso adquirí la habilidad de darme cuenta quién vale la pena y quién no. Pierdo mi tiempo pensando en qué podría haber pasado, pero a veces volver a ver en qué te equivocaste te ayuda a no volver a cometer los mismos errores en el presente. Tal vez no tenga del todo asumido que un tropezón no es caída; sin embargo, siempre que me caí, me levanté, y me parece que eso es lo importante. Y anque nunca supe ver el vaso medio lleno por mi miedo a la desilución, soy positiva en que se puede cambiar.
Y no, no nací aceptándome como soy ni aprecio completamente los buenos aspectos de mi misma, pero en cada momento estoy buscando ese camino. Obviamente a los que somos inseguros todo nos resulta más difícil, pero ¿no es eso lo que le da un sentido a la búsqueda?
El día que llegue a aceparme voy a sentir la satisfacción más grande de mi vida. Porque todo vale mucho más la pena cuando luchás para encontrarlo que cuando sólo lo tenés ahí, porque sí.
Lo más lindo de todo: aunque sigan cayendo lágrimas, siento que voy bien encarrilada.

Una canción: Try - Pink

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