lunes, enero 21

Twenty one

Soy las seis y veinte de la mañana. Para poder explicar qué estoy haciendo despierta a esta hora, tengo que relatar mi día de ayer. Primero, cuento que me dolía demasiado la cabeza como para estar en la computadora, así que no me conecté en todo el día. Eso explica la falta de una entrada.
A la mañana fui con mis papás a una quinta que unos amigos alquilaron, a comer un asado. El tiempo estaba completamente loco; literalmente llovió y salió el sol como cinco veces. A eso de las cuatro se estabilizó un poco -para bien- y me pude meter a la pileta. Creo que estar tanto tiempo bajo el rayo del sol me hizo sentir mal, aunque afortunadamente el dolor no vino hasta que estuve sentada en el auto para volver a casa. Llegamos más o menos a las nueve menos cuarto y lo primero que hice fue tomarme un ibuprofeno. Sin esperar demasiado, puse mi comida en el microondas ya que nadie en mi casa pensaba cocinar. No sé de dónde sacó mi mamá la costumbre de no alimentarlos los domingos...yo tengo el mismo hambre que todos los días.
En fin, cené, y me encaminé directamente a mi pieza, incluso olvidándome de darle las buenas noches a mis papás, cosa que hago desde que tengo memoria. Es más, me tiré en la cama deshecha con ropa y todo; estaba muerta. Literalmente, fue la primera vez que me dormí tan temprano en vacaciones, y se ve que eso me distorsionó el reloj biológico porque a las cuatro de la mañana me desperté. O sea, hace más de dos horas. Estaba acostada en el sentido contrario {con la cabeza donde van los pies}, y sin el pantalón...pf, no sé ni cuándo hice eso. Me quedé leyendo un poco sin lograr conciliar el sueño. Ni siquiera mi mamá, que tiene que ir a trabajar, está despierta a esta hora. Es horrible, aunque quizás más tarde, pasando las doce me agarren ganas de una siestita.
Hoy iba a juntarme con las chicas, pero vi un mensaje que me mandó Belu ayer, diciéndome que no podía. Mejor, no creo que mi estado físico y mental me de muchas ganas de ir al centro de la ciudad, con el sol en la cabeza y lleno del gente. Dejarlo para otro día va a ser lo mejor.
Acabo de darme cuenta que es veintiuno, eso me da un poquito de alegría. Ese número me persigue en cierta forma, pero más que nada con las fechas. Siempre pasa algún acontecimiento importante o se trata de un día atípico; mi historial va desde irme de viaje, a que una amiga se ponga de novia, a sacarme un diez en un examen, etc. No sé qué va a pasar en el resto de las diecisiete horas, pero me conformo con que ya me trajo algo que se añade a la lista; hacía años que no veía un amanecer tan lindo.

Una canción: Here comes the sun - The Beatles

4 comentarios:

  1. Hola^^ Yo creo que en vacaciones nunca me he levantado tan pronto...jaja
    Espero que hoy vuelva a ser otro día especial para ti!
    Un beso :)

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  2. Dolor de cabeza...mi peor enemigo. Que feo que te hayas sentido asi, la verdad que una de las cosas que nunca deseo a las personas es un feo dolor de cabeza, no me deja pensar, y eso me frustra.
    Que bonita cancion la que elegiste para la entrada, "Here comes de sun". Me da tanta paz...
    Un beso Juli, ojala que el dolor de cabeza no se repita.
    Nos leemos pronto

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  3. Qué curioso. Ciertamente eso fue atípico.

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  4. Al final el dolor de cabeza te regaló un lindo, lindo, amanecer. No hay mal que por bien no venga, dicen...

    Beso y abrazo, muchachaaaaaaaaaaaa. <3

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