lunes, agosto 27

Rainy ending

Todos los lunes es lo mismo.
Me levanto, voy al colegio, tengo voley {que es parte de educación física}y de ahí voy a inglés. No hay cosa más monótona que un lunes en la vida de Juliana.
Pasaron las primeras tres etapas, pero a las 3 y veinte, cuando salí de voley, llovía cántaros. Antes, durante la clase, había pensado en la idea de faltar a inglés, pero me lo prohibí a mi misma porque sabía que la directora me iba a retar. Odio tener la estúpida necesidad de querer complacer a todo el mundo.
Ya estaba caminando con la idea de ir para el instituto, cuando pasó algo raro.
No soy una persona impulsiva; todo lo contrario. Cada decisión que tengo que tomar, abre una lista interminable de posibilidades y consecuencias en las que pienso treinta mil veces antes de decidirme por algo.
Me dije "hoy no voy a inglés y no me importa nada", cambié de dirección y me fui a la parada del micro. Viajé con mi amiga Janette, nos bajamos en la misma parada y ella se fue para su lado y yo para el mio {vivimos a 4 cuadras}. Nunca disfruté tanto caminar esos metros hasta mi puerta, sintiendo la lluvia caer sobre mi. Por momentos está bueno empezar a fijarnos en las cosas cotidianas como si fueran algo raro. Muchas veces dejamos pasar detalles que son completamente disfrutables, como un día de lluvia, por el simple hecho de que es algo que vemos siempre. Nos acostumbramos a una cosa y nos olvidamos de su existencia.
Es algo tan artístico la lluvia. Pareciera que fuese una especie de tranquilizante; fue lindo dejar de mirarla y empezar a sentirla.
Entré a mi casa empapada. Me abrió la puerta mi abuela y me pregunto si todos los lunes volvía a la misma hora. Le dije que no, que hoy me quería tomar el día porque sinceramente no tenía ganas de hacer una mierda; eso es algo raro en mi.
Subí las escaleras, abrí "Los Juegos del Hambre", avancé un capítulo y me quedé dormida a eso de las 4 de la tarde. Me levanté a una hora incierta, bajé a la cocina con un hambre mortal y mientras calentaba el café, miré el reloj.
Ocho de la noche.
Fue sumamente placentero, aunque sea por un día, poder hacer lo que sentía que quería hacer, sin pensar en las consecuencias. Tampoco es que fui por la vida re YOLO, pero quiero dejar de pensar de más cada situación porque, al fin y al cabo, un día más dentro de mi vida, es completamente insignificante.

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