martes, junio 21

First

Odio el hecho de que me importa lo que la gente piense de mi.
Siempre que me entero que una persona no me quiere, trato de averiguar por qué. Siempre que alguien hace un comentario estúpido sobre mi personalidad, quiero saber por qué. Siempre que alguien me molesta, quiero saber por qué.

Es una enfermedad que tengo de estar pendiente de lo que los demás hacen o dicen con respecto a mi.

Creo que sé por qué es: falta de confianza, acomplejidad, entre otras cosas.

Sí, soy acomplejada y mucho. Necesito hacer un cambio, un cambio extremo. No quiero decir que voy a cambiar mi personalidad, jamás. Lo único que voy a tratar de modificar son ciertas actitudes que hacen que yo realice acciones que ni a mí me gusten.

Cuando una persona (unas cuantas mejor dicho) me critican, no puedo dejarlo pasar, aunque yo sepa que es mentira, o que es en broma.

Admiro a la gente que deja pasar todo.

Esas personas a las que una palabra que vaya en su contra no les importa nada.

A mi me pasa todo lo contrario. Cuando me molestan, o intentan tirarme abajo, lo logran.

La impotencia que me da es increíble. Tanto que hasta a veces lloro.

Estamos leyendo un libro en la escuela (El guardián entre el centeno) donde el protagonista es un chico cercano a mi edad, al que todo lo deprime. Cuando leo el libro, y los conflictos del chico, pienso: "¿Cómo un chico de esa edad puede ser tan depresivo? " Pero luego me detengo a pensar, quizás yo también soy así. POR FAVOR DÍGANME QUE NO.

Lo peor es que odio dar lástima. Odio que todos se me acerquen:" ¿qué pasa? ¿qué pasa?" Me hace sentir DÉBIL.

A veces pienso: "¡tengo 15 años para tantos problemas!" Pero, digo, ¿Quién se busca los problemas?

yo y nadie más que yo.



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