martes, junio 20

Escribí lo que tenés miedo de escribir

Hace pocó escuché a una poeta decir, antes de empezar a recitar: "Escribí el poema que te da miedo escribir. A veces, es el único que deberíamos escribir. Es el más importante."
Hoy estoy acá para admitir lo que me da miedo admitir. Y me da miedo admitirlo porque es real, porque pasa, porque me puede pasar, y a veces pienso que si evito pensar en eso, a mí nunca me va a pasar.
Tengo miedo. Tengo miedo de que me pase lo que le pasa a las mujeres. Me da miedo el extraño del callejón oscuro. A veces, cuando mi propia paranoia me persigue, me da miedo cualquier extraño que pasa caminando, sean las doce del mediodía o las doce de la noche. Me da miedo el remisero extraño, me da miedo el taxista extraño. Me da miedo sufrir un destino peor que la muerte. Me da miedo salir y no volver.
Hasta hace un par de semanas, venía manejando bien este tema, o mejor dicho, evadiéndolo bien. Había tomado la decisión de dejar de seguir varias páginas que siempre postean noticias sobre chicas desaparecidas, o incluso sobre feminismo en general. Pero la realidad siempre se filtra. Qué ilusa fui al pensar que, en la era de las comunicaciones y el bombardeo de información, podía escapar de la realidad.
Dos noticias impactaron en mi vida esta semana: 1) anda un auto Volkswagen Gol rojo intentando levantar pibas por zonas por las que paso caminando todos los días, y 2) desde el viernes pasado están buscando a Gisela, una chica que desapareció en otra ciudad. A partir de esto, durante los últimos siete días, hiciera lo que hiciera durante el día, esas dos noticias no pararon de dar vueltas en un rinconcito oscuro de mi cabeza. Creí que iba a lograr achicar esos pensamientos hasta hacerlos desaparecer, pero no funcionó.
Así que ahora estoy acá, probando exactamente lo contrario. Armarme de valor, encarar ese rincón oscuro de mi cabeza, mirar esos pensamientos directamente y decir: tengo miedo de que me pase esto. Tengo miedo de ese Gol rojo, tengo miedo de ser Gisela.
Otra de las razones por las que no quería admitir esto es porque creo en la ley de atracción. Creo que la energía que proyectás vuelve en forma de experiencias concretas. Creo que pensamientos positivos conducen a una vida positiva. Entonces, cuando pienso en estas cosas terribles, ¿estaré atrayéndolas a mi vida? En otras palabras, si me pasa algo malo, ¿fue porque, de alguna forma retorcida, fui por la vida esperando que me pasaran? Esa fue exactamente la razón por la que choqué cuando recién empecé a manejar. Iba por la calle pensando "voy a chocar, voy a chocar, voy a chocar", hasta que... pum, toqué el auto de adelante. Pero sé que no es lo mismo. Nunca es culpa de la víctima. Nunca nunca nunca.
Sé que no debo ser la única que se siente así. Y sé que estoy dispuesta a intentar transformar este medio en bronca, y esa bronca en lucha, para que mañana mi hija no tenga que escribir lo que yo tenía miedo de escribir. Porque no va a tener miedo. Porque va a ser libre.

miércoles, abril 19

Ensayo para la facultad

On God
Juliana Tudda
‘Do you believe in God?’ is a question most people do not find difficult to answer. That clearly does not include me. Most of the times, I simply take a shortcut and say ‘no’ dismissively, but that always makes me feel extremely uneasy. Almost guilty.
When I say I do not believe in God, I am referring to the cliché character invented by Christianity: that superior man who sits around in Heaven, judges our actions and forgives us for our sins. However, though I am not religious in the least, I consider myself a ‘believer’. I do believe in a ‘God’ that represents a greater force, the energy of the Universe, as opposed to a God we ask things from through prayer, or a God that teaches us to hate gay people. My ‘God’ is like a watchmaker who puts all of us on the path we are meant to walk.
I am not saying that human will does not determine our faith. If you are born into poverty, that is not the Universe’s plan for you: that is capitalism, a system created by men for men. But when it comes to uncontrollable factors, such as the people who come into our lives, I take a much more spiritual explanation. Everyone we cross paths with is meant to teach us something that will redirect our journey. Even those who come, hurt us and leave arrive for a reason: they are there to teach us the art of letting go.
I am not going to lie. It is not easy for me to assert that ‘everything happens for a reason’, or that ‘God knows best’ when war, poverty, rape and murder are everyday matters. I always find myself walking the tightrope between being observant of every horrible thing going on in the world and appreciating God’s Universe the way I think it was intended to be appreciated.
However, I believe underneath human greed, evil and selfishness lies an ignorance of this greater force. When it comes to me, whenever I hit rock bottom, it is precisely the convintion that God has a plan for me that keeps me going. Perhaps, if more people realised that there is something bigger than all of us; that being alive, today, in the immensity of this planet, which has room and resources to accommodate every living creature is more than a simple coincidence, they would not feel the need to destroy everything we were given. And that which we were given, that which is bigger than all of us; that is God to me.

domingo, febrero 19

El vacío de tus ojos

Nunca lo pensé. Nunca pensé que después de tanto hacernos bien, hoy no nos miraríamos a la cara. Nunca pensé que por un error (o dos, o tres) hoy no nos saludaríamos con un abrazo y un "te extrañé". Nunca pensé que después de tantos secretos, tantas confesiones, algunas felices y otras no tanto, hoy tardarías tanto en decirme que hace rato, para vos, soy sólo alguien que solías conocer. Nunca pensé que después de tantas mañanas en un banco al rayito del sol, hoy no nos animaríamos siquiera a estar en el mismo ambiente.
Nunca lo pensé, porque nunca tuve que pensar (ni siquiera imaginar) una vida sin vos.
Pero hoy pasó lo que más temía: que no pasara nada. Hoy no hubo nada. Nada entre nuestras miradas, excepto silencio.
Por eso hoy no quiero pensar. No quiero pensarte. No quiero pensarte porque pensarte y no tenerte me parte el alma en millones de pedazos, para después pisarlos y tirarlos al vacío.

sábado, diciembre 10

Emotional rollercoaster

Uf. Casi seis meses sin hacer una entrada seria. Este último tiempo me la pasé escribiendo en papel (frases, poemitas cortos), pero extrañaba estos momentos a puro teclado y reflexión. 
Al igual que en mi última entrada, la inspiración para escribir me agarró a días de rendir un final. Qué raro yo buscando excusas para hacer cualquier cosa menos estudiar. La cuestión es que, habiendo llegado al mes doce, es hora de hacer una recapitulación de lo que fue esta montaña rusa de emociones. Creo que esa es la mejor metáfora para describir este 2016: todo empezó de manera estable, como los primeros metros del carril de una montaña rusa. Una vez finalizadas las vacaciones de invierno, todo fue de arriba a abajo sin dejarme respirar. Y ahora, a días de rendir, y a semanas de terminar el año, finalmente siento que el paseo me está trayendo estabilidad de nuevo. 
Es imposible calificar este año en términos de "bueno" o "malo", porque hubo mucho de las dos cosas, y en igual proporción. Me parece que voy a empezar con lo malo, así cierro la entrada con la típica esperanza cliché de época festiva. 
El primer obstáculo que me trajo este segundo semestre fue la enfermedad de mi mamá. Le diagnosticaron cáncer de mamas, por lo que tuvo que someterse a cirugía dos veces. Después, durante su recuperación, sólo hubo incertidumbre: no sabíamos si iba a tener que pasar por quimioterapia o no. Finalmente le dijeron que nada más tenía que hacerse terapia de rayos y tomar una pastilla, lo cual fue un alivio enorme para toda la familia. Por suerte todo salió bien, pero juro que esos momentos de no saber qué iba a pasar fueron los peores. 
Mientras yo estaba lidiando con todo este quilombo de mi madre, sumado al infaltable quilombo de la facultad, me peleé con una de mis mejores amigas. No voy a ahondar en el tema porque ya nos arreglamos. Bueno, no es que hubo una súper conversación al respecto (como a mí me hubiera gustado), pero terminamos no guardándonos rencor entre nosotras. Eso es lo importante. Aún así, nada volvió ni volverá a ser lo mismo. Ya no hablamos, salvo cuando nos cruzamos en la facu. Igual, está bien. Estoy bien. La vida sigue, y los amigos van y vienen. Estoy agradecida de haberla tenido conmigo estos últimos tres años, pero algunas cosas pasan porque tienen que pasar. 
Una vez concluidos los temas de mi mamá y de mi amiga, creí que la paz iba a volver a mi vida, pero no fue así. Falleció Juan, un profesor al que quería muchísimo. Había sido mi profesor en mis dos materias favoritas y nos habíamos hecho muy cercanos. A lo largo de mi pasaje por esas materias, varias veces me había sugerido meterme a trabajar con él en su cátedra. De hecho, iba a hacerlo el año que viene. Ahora no estoy tan segura; siento que lo extrañaría demasiado. A pesar de eso, me llevo los mejores recuerdos. "Sos muy trabajadora, vas a ser una gran lingüista". Gracias Juan, por haber confiado en mí, y por haber estado siempre dispuesto a ayudarme.
A lo largo de estos meses, estuve intentando tapar la angustia por todos estos eventos con la facultad. Me obsesioné mal, y eso trajo sus frutos buenos y sus frutos malos: aprobé casi todo con 10, pero terminé tan destruida físicamente que tuve que empezar kinesiología. Ahora que sólo me queda una sesión, me doy cuenta de lo muchísimo que me ayudó a mejorar mi flexibilidad (¡finalmente me puedo tocar la punta de los pies!). Lamentablemente, las contracturas no se me fueron. Más aún teniendo en cuenta que todavía estoy estudiando. En enero, cuando no tenga que pasar horas por día sentada, me voy a poner en campaña por mi salud. Paneo empezar yoga, así arranco el 2017 bien, tanto física como mentalmente. Es por esto que decidí quedarme en mi casa estas vacaciones. Tenía algo planeado, pero lo cancelé. He aquí la historia al respecto:
Por primera vez, me iba a ir de vacaciones con amigas; destino: norte argentino. Antes de continuar, vale aclarar que soy la persona más miedosa del universo (hola, ansiedad, un placer conocerte). Ante cualquier situación desconocida, lo primero que pienso es que algo malo va a pasar. Sin embargo, es raro que ese miedo me paralice o me impida hacer cosas. Casi siempre me digo (o me dicen) "basta, Juliana, calmate", y sigo adelante, pero esta vez la situación me superó. La realidad es que venía haciéndome la cabeza con el tema de que fuéramos tres chicas "solas" en el norte ni bien habíamos empezado a planear el viaje. Me la banqué, tratando de no prestarle atención a esas cosas, tratando de convencerme de que todo iba a estar bien, y lo logré durante unos meses. Pero desde el día en que compramos el pasaje de vuelta en tren (porque de ida no conseguimos) y la idea del viaje se volvió "más real", todo fue de mal en peor. Me acostaba a la noche llorando, en pánico, pensando en todas las cosas terribles que nos podían pasar. Para colmo, me daba cosa hablarlo con mis amigas porque no quería que se enojaran conmigo. Hasta que un día dije "no puedo más" y se los conté. Les expliqué que, además de no querer pasarla mal yo, no quería ser una carga para ellas durante el viaje (¿quién quiere viajar con una amiga con cara de preocupación constante?). Por suerte, me re entendieron. Me dijeron que les daba pena que me perdiera de experimentar algo re copado por culpa del miedo (cosa con la que estoy de acuerdo), pero que me entendían. 
Creo que el hecho de que mi miedo llegara a un nivel tan extremo tuvo que ver con todo lo malo que me venía pasando, y que venía escondiendo bajo la alfombra. Pero bueno. La realidad es que estoy tan aliviada desde que lo hablé. Ojalá yoga me sirva para solucionar el tema del miedo también, ya que no es más que un efecto secundario de la ansiedad.
Ahora sí, para darle un cierre a la entrada, pasemos a las cosas lindas. Como ya mencioné, terminé aprobando todo con 9, 9.50 y 10, promocioné dos materias, y ya estoy habilitada para inscribirme a una beca de trabajo en un instituto de inglés el año que viene.
Por otro lado, ¡saqué la licencia de conducir! Al fin dejé de patear eso que tan pendiente tenía. Debo decir que todavía me da un poco de miedo estar al volante, pero todo es cuestión de práctica. 
En último lugar, pero no menos importante, empecé a estudiar jazz en mis clases de piano; algo que venía anhelando desde que empecé, hace un año y medio. Por suerte, en enero también voy a ir a seguir yendo a piano.
A modo de conclusión, puedo decir que. tanto las situaciones buenas como las malas (¡sobre todo las malas!) me abrieron los ojos, mostrándome cosas sobre mí misma que todavía desconocía. Cosas re positivas (como el hecho de que puedo lograr lo que sea que me proponga), y cosas en las que todavía tengo que trabajar. Mi promesa para el 2017 es poner toda mi atención en estas últimas. No queda otra que seguir creciendo ❤ Feliz año.